Galeria Carles Taché

Javier Pérez "Genometrías"

“Sometemos lo que nos rodea a todo tipo de mediciones. Todo es susceptible de ser medido, cuantificado y numerado. Las unidades de medida marcan nuestra percepción del espacio y del tiempo y, por tanto, nuestras experiencias. El paso de las horas, los días, las estaciones, los años, la velocidad a la que nos desplazamos, los pasos que damos a diario, las calorías que ingerimos y gastamos, los metros, los kilómetros que recorremos... Todo se ordena y numera para poder compartir nuestras experiencias e incluso identificarnos como individuos. Nacionalidad, edad, sexo, altura, peso, número de identificación... Todo queda perfectamente claro, definido y ordenado. Sin todo eso sencillamente no existiríamos, porque eso es lo que nos define. ¿Y además, cómo podríamos tener experiencias que no pudiéramos nombrar ni definir y, por tanto, compartir? Esas experiencias sencillamente no existirían.

A menudo me sorprendo contando cosas sin sentido: pasos, brazadas en la piscina, peldaños o simplemente lapsos de tiempo. Como si tuviera la necesidad inconsciente de ordenar mi entorno, de numerarlo. Contar es una de las primeras cosas que aprendemos y está íntimamente vinculado al habla, al lenguaje.

En estos últimos trabajos he estado reflexionando sobre todo esto y preguntándome si no sería posible encontrar otras maneras de medir las cosas, una manera en la que se tuvieran más en cuenta las experiencias individuales, una manera más orgánica y, en definitiva, más emocional. Una medida del tiempo que no estuviera regida por los movimientos de los planetas, sino por nuestros propios movimientos internos. Los latidos del corazón, los movimientos de la respiración, el flujo de la sangre... Una medida del espacio ligada a nuestra memoria emocional: los pasos que nos separan de aquello que amamos o anhelamos, pero también de aquello que queremos dejar atrás.

Todo esto, de una manera u otra, está presente en estas obras, que son definibles, nombrables y medibles, porque si no, no existirían. Pues bien, entre todas estas cosas perfectamente explicables y cuantificables —30 cabezas, 12 esqueletos, 350 horas, 275 cm, 23 kg— hay unas pequeñas fisuras, unas pequeñísimas grietas apenas perceptibles, pero que comunican con abismos infinitos, con agujeros negros, con el vacío más absoluto. Y justo por esas microfisuras se cuela todo lo incontable, lo innombrable, lo innumerable, lo inmensurable, lo inexplicable, lo indecible.

Con estos últimos trabajos he tomado plena consciencia de que justamente esas finísimas líneas son las que hacen que para mí tenga sentido seguir tomándole medidas a la vida.â€